Escribo esta reflexión inspirado por un documental sobre la transición española que acabo de ver. En el encontré imágenes que me sobrecogieron, imágenes de un barrio obrero de Madrid, el barrio de Orcasitas. Me resultaba difícil de asimilar que aquello que estaba contemplando podía ser mi ciudad hace unos años. Casas de 24 metros cuadrados dónde convivían familias enteras (y numerosas por cierto), sin electricidad, sin váter, calles llenas de barro dónde apenas se podía caminar, escombros, basura. Un panorama desolador, que sin embargo mostraba a unas personas con mayor nivel de solidaridad humana, con mayor sentido colectivo. Un panorama dantesco, pero del cual surgían asambleas de vecinos, en las cuales no había más gente porque no entraba en el local. Iglesias con curas rojos aglutinando las reivindicaciones populares, manifestaciones multitudinarias con miles de puños en alto.
No conozco Orcasitas, pero en mi barrio yo llegué a convivir a escasos metros de mi casa con infraviviendas de este tipo, y han desaparecido, me imagino que allí también lo habrán hecho en su mayor parte. Es obvio que las ciudades españolas han avanzado en ese sentido, que el nivel de pobreza extrema se ha reducido considerablemente respecto hace unas décadas, y paralelamente a ello se ha reducido (o desaparecido en muchos casos) el movimiento popular en los barrios. Las nuevas generaciones no se han interesado en lo colectivo, en la mejora de los espacios públicos más cercanos a ellas. Parece que todo está conseguido, que tenemos de todo, que somos clase media y por lo tanto vivimos bien. Este planteamiento parte de una base real, claro que la clase trabajadora ha aumentado su poder adquisitivo en las últimas décadas (hasta la llegada del euro diría yo), claro que existe cierto bienestar material y unos derechos más o menos garantizados. Pero no por ello se tiene que perder la combatividad social, porque a pesar de todos estos avances los problemas siguen siendo serios, sin llegar a ser dramáticos en la mayoría de los casos.
Motivos para estar a pie de calle nos sobran, privatización de los servicios públicos, falta de equipamientos de todo tipo, deterioro de barrios, degradación de zonas verdes, etc, etc , etc. Motivos que nunca han dejado de existir, pero que con las medidas salvajes de deterioro de lo público por parte de las políticas de derecha cobran más importancia. La crisis va a agravar los problemas de los barrios obreros, aumenta el paro, aumenta la precariedad, aumenta la pobreza, el número de familias que acuden a comedores sociales porque sus ingresos solo les permiten pagar la hipoteca sin cubrir ningún gasto adicional. Aumentan los problemas y disminuye el presupuesto en gasto social e infraestructuras. ¡Vaya forma de salir de la crisis!
El Ayuntamiento de Madrid ha reducido su presupuesto un 5%, en tiempos de crisis hay que ajustarse el cinturón dicen. Y realmente, sería un argumento lógico, de no ser porque procede de unas señoras y señores que han endeudado a Madrid hasta los próximos cuarenta años, de no ser porque han despilfarrado millones y millones de euros en propaganda electoralista con fondos públicos. En el pleno de debate de los presupuestos de 2010 para el Distrito de Moncloa Aravaca, el concejal del distrito decía en tono alegre que los presupuestos no habían descendido, que este año habrá deflación, y que por tanto en términos reales aumentarán. Parece surrealista que alguien defienda unos presupuestos antisociales de esa forma, pero que más da, si van a ganar las siguientes elecciones con el 60% de los votos.
Hilando la pérdida de movimiento social con los gobiernos de derecha obtenemos un panorama dantesco, y ante esto, ¿dónde esta la izquierda? ¿ existe? Muchos trabajadores opinan que no, y comprendo perfectamente que piensen eso. Porque lo que queda de la izquierda suele estar en un sitio y la clase trabajadora en otro. Caemos en el error de crear una izquierda de élites, y puesto que la izquierda debe estar compuesta por las capas populares y obreras mayoritarias en la sociedad, la izquierda de élites es un absurdo. Es un absurdo pero ahí estamos, con una falta de perspectiva absoluta. En el mundo hay millones de causas justas, sí, pero si pretendes transformar la sociedad tienes que centrarte en el eslabón más débil del capitalismo, dónde sus contradicciones se expresen con mayor claridad, y en este momento se expresan tan solo con pasear un rato por un barrio obrero o en una cola del INEM. Hay militantes de izquierdas que trabajan de forma completamente honrada, pero su energía militante se gasta en asuntos que no trascienden a casi nadie, solo a una minoría formada, intelectual, que no es representativa del sujeto político al que queremos transmitir cosas. Otro punto fundamental es la unión entre teoría y praxis, se debe debatir, se debe elaborar teoría, debemos dialogar críticamente para crear el socialismo del siglo XXI. Pero si toda esa discusión teoría se produce desde mundos paralelos alejados de la realidad, si se da lugar en clubs de debate elitistas no sirve absolutamente para nada, es papel mojado.
Ante esta situación creo que es imprescindible volver a trabajar con los movimientos sociales, estar presentes en cada lucha concreta por pequeña que sea, si nos encerramos en nuestros locales (los pocos que quedan) a hablar de nuestras cosas sin hacer nada por la causa de las trabajadoras nos convertimos en frikis, como quien habla de La guerra de las Galaxias o del Señor de Los Anillos. No hay que olvidar que el movimiento vecinal de los años 60 y 70 no era espontáneo, en cada asociación había comunistas, militantes de izquierda que la estructuraban, que la hacían posible. La media de edad de los integrantes de las asociaciones de vecinos es desoladora, suelen ser personas de 60, 70 años, las mismas que estaban en el movimiento vecinal cuando empezó a crearse. Va siendo hora de que las jóvenes de izquierda tomemos el testigo, porque las compañeras que han luchado toda su vida se lo merecen, va siendo hora de volver a conectar con la clase trabajadora, porque la que nos está cayendo encima no es para menos.
He presentado un panorama crudo, pero también he de decir que veo esperanza. Campañas como la lanzada por la UJCE ‘Lo que nos une’ son la línea a seguir. Se hace hincapié en el paro y en los contratos precarios, en aquello que todas las jóvenes conocen, porque lo sufren en carne propia. Campañas como la alternativa social por el empleo y los derechos sociales de IU-CM, con medidas concretas y creíbles como una reforma fiscal para que las grandes rentas sean las que más tributen, como la creación de un sector productivo de empresas públicas para generar empleo, como la defensa de la sanidad y la educación entendidas como derechos fundamentales.
Hay que ser alternativa real, y creo que esto se resume en una consigna.
LUCHAR, CREAR, PODER POPULAR.
Álvaro Alonso
Coordinador de IU Moncloa-Aravaca
domingo, 20 de diciembre de 2009
La necesidad de recuperar el movimiento popular y de una izquierda presente en lo cotidiano.
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